"Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andabamos para encontrarnos"
Julio Cortázar
Encuentrése, saque se de ese acartonamiento. Busque
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noches de placer
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viernes, 2 de noviembre de 2012
Siervo
La cabeza maquina.
El psicoanálisis surge en la plena era moderna de fábricas, ferrocarriles, y un recién nacido dispositivo cinematográfico. Shock y no más aura, euforia urbana y nuevo capitalismo. Entonces pienso. Y sí, todos neuróticos. ¿El siervo de la gleba lo sería? Difícil. Su día debía de comenzar ni bien despuntaba el sol. Alguna comida frugal y a trabajar la tierra del amo. Casi todo para él, poco para mí. El sol se va y vuelve a la cama. Incluso los literatos de aquel entonces, con sus lecturas a luz de vela y pensamientos sobre Dios (tras la luz se cierne la oscuridad, imposible no creer en ese) debían ser más normales. ¿Había lugar para neurotizar, como hoy, con trabajos arduos cuyos objetivos son obtener un falso bienestar que de verse amenazado provoca sufrimiento? No. El pasar hambre lógicamente hace sufrir, pero hoy se trata de otra cosa. Las necesidades nuevas se inventan al mismo ritmo que surgen las mercancías que las satisfacen. Y entonces no, es lógico, el paso del tiempo no se soporta. No se soporta sin. Cada vez más cosas.
Ropa
TV
Computadoras
Celulares
Sin ellos el abismo, la nada, la obligación odiosa de pensar. La humanidad de la era del consumo no quiere y no puede hacerlo; no es su culpa, no la-me juzgo por ello. Pensar hoy día es a veces tan retorcido y neurótico que cansa. Parece que se piensa sólo cuando no hay con qué llenar el blanco, cuándo los minutos no pueden ser utilizables al máximo. Pero es un círculo vicioso, ya que debido a que ese blanco está continuamente lleno, es que molesta cuando de pronto está vacío. Entonces vuelvo a afirmar: el siervo de la gleba de seguro no era neurótico. No podía serlo. Pensaba, seguro, pero su pensamiento no debía girar -me manejo siempre en el campo de la especulación- en torno a cómo llenar el vacío dejado por una tecnología abrumadora. El pensar debía ser una actividad tan habitual como el arar la tierra y entonces no era tan intensa, tan enroscada, tan -una vez más- neurótica.
Hoy no quiero pensar pero algo extraño se mueve en mí, por dentro, y cómo no puedo ahogarlo con temporadas de series virtuales, me obligo a preguntarme qué es. No puedo leer, ni mirar la TV, ni usar la pc, ni escuchar música. No queda otra que interrogarme. Pero lo que siento no sé cómo traducirlo, cómo llevarlo a la palabra. El ser humano ha sabido conquistar casi todo pero todavía no sus sentimientos ¿Cómo se llama esto que palpita? Es como un vacío causado por una herida al ego (mis palabras buscan ser sencillas pero están indefectiblemente marcadas por años de terapia, pensaba decir herida narcisista)
En este momento de la vida estoy muy bien. Sin embargo hoy se agita dentro una llamita y ante el menor soplo puede apagarse. Ese soplo llegó al ver que un ex amor es feliz con alguien más. El susodicho poco me importa, pero la cuestión es esa: el ego, el Narciso que se refleja en el agua.
¿Hay amores que sean realmente altruístas?
¿Hay sentimientos que no estén marcados por un yo que piensa?
Lo dudo. Dudo también que el siervo de la gleba haya sido neurótico, o al menos neurótico a nuestro nivel.
Humanos, demasiados humanos
Soy positiva igual. Basta con sentir alegría para ver en su mirada un brillo especial. Es la ambivalencia neurótica que por suerte, o inevitablemente, existe.
martes, 21 de agosto de 2012
Gorilas
Gorilas del sentir: Frígidas del sentimiento: Lo imposible es desear.
Gorilas del sentir: Frígidas del sentimiento: Lo imposible es desear. El amor está siendo bastardeado.
domingo, 29 de julio de 2012
Triple presente
La lapicera se siente rara cuando hace mucho no escribe. O mejor dicho, cuando hacerlo no es algo obligado y alienante. Cuando hace mucho no lo hace por ese placer de.
y paradójicamente lo hace -acaba de descubrirlo- en un cuaderno que la remite, como si fuera un penetrante aroma, al último de los momentos sobre la tierra antes de hoy. A sus vacaciones y a una persona. Cinco meses atrás. Un tiempo después empezó a volar.
Transitando.
No dejo de sorprenderme de la capacidad que aún tiene la vida de sorprenderte. Y de lo distinto que es lo que se preveé y lo que finalmente se da, y de lo que me moriría de hambre si hiciera futurología.
Transitando
hasta que un día se para.
Saque se de ese acartonamiento.
sábado, 9 de junio de 2012
Horóscopo(s)
La nueva provincia es un diario de Bahía Blanca que repite las mentiras de su papi -Grupo Noble- pero a pequeña escala. Escaso de contenidos cuando no de una visión que, aunque uno esté curado de espanto, asusta. Sorprende.
Ahora, si es raro que de por sí el horóscopo de un diario pueda decirnos algo (pantomima de un saber del que doy fe pero en el que tengo cierto escepticismo) más aún lo es que uno como éste, acierte.
Tauro. "Cuide sus emociones..."
[Alto. Gran paréntesis. No termino de leer. Se produce un hecho imprevisto (aunque familiar). Río, Sierra, Locura, Secuencia, Cana, Interrogatorio. Se van. Me siento aliviada. Me voy.]
Los pájaros cantan en dónde estoy. Es el único sonido. Pasó el mediodía (y la situación con la poli también) y vuelvo a leer el horóscopo.
Abro comillas: "sepa entender las razones que el otro le de". Qué llamativo es cómo una frase llena de abstracción -o más bien un aforismo berreta a lo Narosky- pueda significar(nos) de pronto tanto. Debe ser parte de su lógica: el tener una serie de universalidades en las que de pronto uno pueda encajar.
Hoy, igual, prefiero dejar el escepticismo y la intelectualidad de lado, y creer que el Cosmos revelado a un diario amarillista provincial, pueda decirme algo.
Sierra de la Ventana - Febrero de 2012
lunes, 5 de marzo de 2012
Grido ya no es lo que era
Grido ya no es lo que era. Corría el año 2009 y quien escribe se hallaba con dos amigas (Camila y Carolina) en Cura Brochero, Córdoba. La plaza principal contaba con el agrado de dos malambistas ganadores del Pre Cosquín de no sé que año, que zapateaban y tocaban chacareras hasta dejar a la audiencia familiar extasiada. Tuvimos una de esas noches la idea de comer helado: Grido, y para no ser menos, de comer ¼ cada una. El cuarto finalmente fue más de 300 grs, un alegrón. Por el precio, riquísimo. Eso fue 2009, Febrero. Hoy, más de dos años después, un día de Octubre de 2011, quien escribe está en Córdoba de nuevo (esta vez en la capi) y al ver un Grido por el centro evoca tan hermosa situación. Pero descubre algo, por algún motivo, Grido ya no es lo que era.
¿Será porque no está en vacaciones? (aunque fue a Córdoba a hacer nada, fue a visitar a su padre y eso le quita el brillo de la vagancia vacacionera)
¿Será porque no está con sus dos amigas?
¿Será que no hay una chacarera animando de fondo?
¿Será que su cucurucho es mini en comparación al cuarto de 300 grs?
Tal vez todas o tal vez, simplemente, cambiaron su receta.
Nunca se sabrá. Por lo pronto, lo seguro, es las ganas de irse. Vacacionar por fin.
Leonard
Viaja.
Ella oye su voz y se mueve por otras geografías. Otros tiempos.
Leonard Cohen la transporta a otro mundo que desconoce. Parece de ensueño, de estética idealizada.
Leonard tiene en su voz la huella de una vida ajetreada, con saltos. Para nada fácil. Si fuera argentino, sería peronista.
Huella de vida.
Voz profunda, de esas que se imponen en una conversación rasgando el aire. Presente.
Voz de fumador y wiskero.
Ella escucha a Leonard Cohen y cree estar en una película de Tarantino o Lynch.
Aleluya.
*
Su voz es visible. Genera imágenes, imaginarios intraducibles.
Es áspera.
Pesada.
Gastada.
Experimentada.
Leonard Cohen habla en un amable inglés.
Habla al oído, casi un susurro. Un secreto revelado a quien sepa oír.
Habla sensualmente.
¿Cuánto placer puede caberle a quién lo escuche?
*
¿A quién le pertenece esa voz?
Si una voz debe encarnar lo misterioso, seguro esa es la de Leonard Cohen.
Podemos jamás ver su cuerpo.
No importa. El ya nos colma.
jueves, 22 de diciembre de 2011
Poesía cardíaca -Daniela Andujar
sábado, 24 de septiembre de 2011
domingo, 10 de julio de 2011
sábado, 9 de julio de 2011
miércoles, 22 de junio de 2011
Honor a la saudade
¿Quién escribe?
¿Hay dos que habitan en mí? Me nombran Laura. Laura es Laurel y Laurel es Victoria.
En mis ojos chicos y marrones no veo una transparencia, sí una honestidad. Si hay en ellos algo opaco y de misterio es porque miran, indagan.
Guardan una espera esperanzadora: eso es más de mí.
Soy Laura y por mi papá soy Loredo. A mí igual me gusta usar el Rubio de mi mamá. Siempre hay una.
Tengo un costado de mi cabeza con el pelo corto casi al ras, en el otro el perlo cae largo y ese juego de contrastes me gusta.
Me siento múltiple e inacabada.
Soy una joven de 25 que tal vez vivó demasiado o pensó demasiado (o así al menos lo sintió) Con placer y con dolor. Tengo un aroma reconocible. Muy mío.
domingo, 22 de mayo de 2011
Siempre fuiste mi espejo, quiero decir que para verme tenía que mirarte.
Julio Cortázar .
Yo a ella
Percibo en Eugenia una timidez a flor de piel. Una que la hizo desviar sus ojos de los míos la primera vez que estuvimos de frente. Una que la hizo tomarme las manos con delicadeza, casi con temor de apretar mucho a esa desconocida que soy yo. De cualquier manera -presiento- detrás de esa timidez hay mucho más.
Tiene cara dulce, nariz pequeña, ojos verde celestes grandes y expresivos (¿Por qué no los muestra?) cálidos como sus manos, que si bien sentí frías desmienten el mito e igualmente son tiernas. Acarician y eso relaja.
El tiempo pasa, ciertas barreras se derriban. Eugenia tiene los ojos cerrados, toca una pipa que tiene un Aladino tallado y sonrie intentando descubrir qué es eso. Se le escapa una risa corta y bajita a la que se escucha divertida y sorprendida.
Confiesa que sí, que le dió timidez el mirarnos directamente a los ojos y vuelve a reir para afirmar esa sentencia. Veo transparencia en ella. Se pone un collar blanco de mostasillas, pesado y múltiple. Alga blanca. Planta marina. Y va con ella, con sus ojos azules y grandes.
Ella a mí
Laura eligió un objeto exótico, una pipa estilo árabe, que combina perfectamente con su vestido rojo y su aparente tranquilidad.
"Me pareció divertido que la pipa tenga cara", contó mirándome a los ojos como queriéndome decir que no había una gran explicación para su elección.
Serena, de manos pequeñas y suaves, reconoce que no le da verguenza mantener la mirada con un desconocido.
Al tomar contacto con sus manos, una sensación de calidez y buenas vibras me invadió. Esto sucedió desde el comienzo, desde que sentí el calor de su piel sobre mis manos, siempre frías.
jueves, 5 de mayo de 2011
A comer zanahorias
domingo, 24 de abril de 2011
Como dice Vinicius y María Galindo
«Que el amor sea eterno mientras dure», dice Vinicius de Moraes (Que não seja imortal, posto que é chama. Mas que seja infinito enquanto dure.) «No puedo ser la mujer de tu vida, porque soy la mujer de mi vida» graffitea María Galindo y las Mujeres Creando.
¿Y yo que digo? Pienso.
La mujer de mi vida. El hombre ideal etc. ¿Existen? Detrás de ellos viene la sagrada familia, la casa con un perro y dos hijos y todo el dogma judeo cristiano. Y occidental.
No.
Hay hombres y hay mujeres. Amores que son eternos e ideales mientras duran y se viven con la intensidad de ser El Amor (tal vez, o no y simplemente se viven). No puedo (ni quiero, la exigencia sería muy fuerte) garantizar ser La mujer. Sin embargo, tampoco estoy pudiendo ser Una y es por cuestiones que me exceden. Da lástima, bronca, por lo perdido. Los olores de un cuerpo, los besos aprendidos (aunque siempre nuevos y frescos), las cucharitas de la madrugada, y claro, los gemidos de placer, el tiempo suspendido donde reina lo no racional. Que lástima. "Que falta de respeto, que atropello a la razón" (cuánta frase de canción a flor de piel)
Establezco teorías pues los signos son contradictorios, hasta que me canso y digo
- Basta.
Mejor atenerse a los hechos. Materialismo puro. ¿O peronismo? Sí, es ese pragmatismo que tiene el peronismo el que le hace falta a nuestro sentir. Es mi nuevo y último Dogma (efímero seguro, hasta que vuelva a preguntarme y cuestionarme lo dado.)
Recuerdo: Escena de «La vida de Brian» de los Monthy Pythons. Están a punto de crucificar a Brian cuando llega Judith, su amada, a perdir ayuda al Frente Popular de Judea, donde militan ambos, para impedir el hecho. En lugar de salir corriendo, comienzan a debatir cómo actuar y redactan un manifiesto.
Esta genial ironía política para las izquierdas, podría extenderse a nuestros corazones (de cualquier ideología, eso es universal.) Siempre damos vueltas y más vueltas. Puta burocracia: es este posmodernismo que a todos nos toca vivir, el que nos lleva a temer decir lo que sentimos. Se pone de moda el Yoga, la Homeopatía y lo Zen, pero de manera superficial ya que seguimos sin conectarnos. No se tolera el sentirse mal, ni hay un cuestionamiento sobre el por qué. «Ya va a pasar» Y quizá pasa, o quizá no y queda en el fondo un resabio que resurge cuando se vuelve a caer.
Generalizo algo que me es propio o al menos propio de nosotras, las mujeres. Será por una cuestión social, pero hay un no entendimiento entre ustedes y nosotras. Maquinamos (nosotras, las minas) y dudamos si hablar o no. «Mira sí...» Y callamos. Yo prefiero una tristeza fundamentada a una incertidumbre sin razón de ser. No soporto el «que hubiera pasado sí»
Si no hablaba,
si me la jugaba.
Etc.
Ojo. Antes hablaba más y por cualquier cosa, ahora no tanto. Igual sigo creyendo en mis capacidades perceptivas, y a veces me equivoco, por supuesto.
Una constante: Uno nunca deja de sorprenderse y en general todo es más sencillo. Con la complejidad que eso tiene.
Al momento, este texto más que teoría es reflexión. Palabras vomitadas, letras que salen a borbotones, pensamientos que buscan su cauce.
Otro recuerdo: En mis vacaciones del Sur, hubo una noche en la que una de mis amigas le contó a un troglodita (la palabra es fuerte pero justa. A una amiga nuestra, lesbiana, le dijo que lo era por no haber probado un buen tipo-pito. Cómo es de suceptible el macho argentino.) Como decía, mi amiga le contaba que para ella el amor no tenía que ser necesariamente por siempre, ni monógamo. En su inconprensión, él justificaba ese pensamiento asegurando que le habían roto el corazón. La cosa no iba por ahí, el corazón seguro se lo han roto porque nadie está exento de eso, pero ese pensamiento ella lo tiene por convicción propia, ideología. Nos pareció absurda esa justificación, y sin embargo yo ahora la medito. Constituye tal vez una de las posibles teorías (de esas que establezco hasta que digo: - Basta.)
El Indio canta que «un corazón no se endurece porque sí.» Y si, el indio es bastante durazno pero más allá de eso, ¿va por ahí la cosa? ¿Hay un corazón herido o resentido? Resentido en el sentido más «medico» digo, como cuando un músculo se resiente por darle mucho trajín. Un re-sentir. Vivir mucho, ¿lo suficiente? Me cuesta entenderlo y no lo veo reflejado en quienes me rodean (de todos los márgenes generacionales) Difícil pensarlo pero uno nunca sabe. Que fácil es caer en la psicología barata (y los zapatos de noséqué esta vez) ¿Serán ciertas las ganas de nada? o simplemente como dice mi treiteañero amigo Quique -callejero, filósofo y tanguero de piel- es «puro chamuyo»
Discurso feminista: En esta sociedad patriarcal las mujeres debemos pensar siempre en otro. El hombre, la familia. A ellos los han llevado a ser autosuficientes e individualistas. En parte por eso hay un no entendimiento. Dos individuos mirando a uno solo. El así mismo y ella a él. Lo pensamos egoísta. ¿Por qué? ¿Por qué no pensar que somos nosotras las huevonas y que es válido querer estar solo, sin pensar en otro? Nos desgarramos las vestiduras en vano, al pedo en criollo.
Siempre hay más debajo de toda tristeza. Como si hubiese una capa superficial, una punta de iceberg y después el resto. Otros hechos se desencadenan (cuanta voltereta, de esa que me quejo para decir algo) hay otras frustraciones, otros miedos sobre los que uno debe interrogarse. Lo tremendo es la caída. Esa que no se espera, esa resolución de hechos que no se puede augurar. Los reyes magos no existen nene: la pérdida de una ilusión. Aunque sea chiquita e indescifrable.
«Puro chamuyo» dijo Quique, «es otra cosa» Y no sé si será cierto pero me dió gracia que lo diga inmediatamente después de relatar cómo la piba con la que salía (cortaron, no sé si hoy sábado en un ataque de soledad la habrá llamado) le hacía absurdas escenas con puteadas, gritos y hasta lo despertaba en la madrugada (cucharita mediante) diciéndole que «le había caido la ficha» sobre X hecho y lo rajaba a las 3 AM de la loma del orrrrrtoo. Pobre, él decía que había apostado al amor, se ve que la apuesta no fue recíproca.
¿Eso es amor?
Ultimo recuerdo: Los padres de la mencionada amiga mía (la del episodio del Sur) al escucharnos un día quejarnos de los celos y la necesidad de que existan para sentirse seguros, nos auguraban un «van a sufrir chicas» Y evidente, y lamentablemente, así parece.
No queda otra entonces que tomarse con menos solemnidad las cosas. El amor será eterno nuevamente y en otra forma. "Ya sufriste cosas mejores que éstas" Inevitable no explotar mi esencia de laurita Lo redo, aunque más bien parezco una Paula Cohelo cualquiera. Sentirse bien, tranquilo, logrando una buena belleza interna, de esas que se expanden (todo relativizado por la imposibilidad de certezas totales en este mundo) Y ahí sí, encargarse de uno. Bailar, teatrar, escribir. Y lo urgente por lo pronto: ponerme a leer que se me viene la noche, la maldita noche de la academia. Puaj.
viernes, 8 de abril de 2011
Dos veces y media yo.

El muro es el eje, el protagonista ineludible. Primero uno, luego otro y después uno más. Tres. Larguísimos (¿cien metros?), y tan altos como dos veces y media yo.
El muro interpela de una forma personal, cada quien ve algo distinto y es complejo explicar lo que genera. Hay que ir.
Son piedras rugosas y ásperas talladas con nombres lisos y suaves.
También, cuerpos y mentes que fisicamente no están pero que de algún modo se hacen carne en estas paredes.
El monumento cubre el período 1969-1978 y se ordena por año y alfabéticamente.
Descubrí a Julio (Jorge Julio) López. ¿Por qué no extender la cronología al presente?
Pienso en si estará el amor chileno de mi madre. Víctor se llamaba.
Pasos y pasos. El año más largo de caminar es el 76, con muchas vidas por leer. Presentes ahora y siempre.
Algunos tienen su edad detallada, tenían tanto 13 como 63; otros no.
Hay embarazadas. Hijos que (tal vez) aún hoy no saben su real historia. ¿Y uno la conoce? Nuestra vida está marcada por hechos que la mayoría de las veces no cuestionamos, en los que no indagamos. El muro (nos) interpela.
30.000 vidas, 30.000 piedras, 30.000 lápidas. ¿Y dónde ubicarse si este muro es también un nosotros?
Y más nombres, y más pasos, y más muro alto.
En el Parque de la Memoria hay silencio. Solo el viento fresco del Río de la Plata susurra en la oreja de quien lo recorre. Las obras de arte están lejanas entre sí y hay cuatro personas a la vista. Podría parecer vacío de no ser por un muro que obliga a doblar el cuello y ver hacia arriba. Dos veces y media yo garantizan que sea imposible no ver. Él trae el pasado al presente.
jueves, 7 de abril de 2011
La postal
Encontré un cuentito de Junio del 2009. Mucho tiempo ! (me gustó más de lo que recordaba)
Le corregí puntuación y algunas cosillas.
La postal
Dedicado a (inspirado en) Raymond Carver
Miró una vez más hacia abajo. Aún no se decidía aunque tenía que hacerlo; hacía más de media hora que estaba allí parada, observando, esperando un impulso: saltar o no saltar. Una audiencia bastante considerable esperaba su decisión y cada vez eran más, no podía irse. Saltó. La caída no duró lo suficiente como para tener conciencia de ella. Pronto el agua helada le tocó todo el cuerpo y el impulso la hundío hacia abajo. Salió a la superficie dando brazadas, y lo primero que vio fueron las caras expectantes de ese público improvisado que la miraban sorprendidos y aplaudiendo. Se sintió bien. El agua helada le había hecho correr la sangre por las venas de manera más veloz, o al menos así se sentía. Se recostó en una piedra y muy pronto el sol empezó a calentarla de nuevo.
- Lean, ¿me pasas un cigarrillo por favor?
Leandro estaba acostado boca abajo, leyendo, levantó la vista y la miró. Dejó el libro un momento, fue a buscar el bolso y volvió fumando con un cigarrillo, se lo pasó.
- ¿Me viste saltar? – dijo Ana
- Si. No creí que te fueras a animarte, tanto tiempo ahí parada.
- Bueno, no es tan fácil. – Ana odiaba que Leandro dijera cosas así – Tendrías que estar ahí, uno se da cuenta que en realidad es mucho más alto de lo que parece y que hay piedras. Tuve miedo. Anda si te animás.
- No me interesa. Me alcanza con verte a vos y a los chicos que pasan por al lado.
– se rió – Ellos sí que se tiran sin pensar.
Ella lo miró enojada, quiso decir algo. Los chicos, pensó, no tienen desarrollado el miedo de los adultos, juegan más y piensan menos. Pero no dijo nada.
- Pensé que no me habías visto – dijo ella finalmente, sin poder contenerse.
- Te ví Ana, lo que pasa es que no puedo dejar de leer. Hamlet acaba de confirmar que Claudio mató a su padre.
Ana volvió a mirarlo, pero esta vez resignada. Se preguntaba si habían hecho bien en irse juntos de vacaciones. Hace menos de una semana habían llegado y ya peleaban, o al menos vivían constantemente escenas como estas. Sentía que en el fondo ya ninguno se soportaba. Sin embargo le sonrió, miró el río y las sierras cordobesas, exhaló la última bocanada de humo y apagó el cigarrillo. Se dio vuelta y se puso a su vez a leer su libro.
- ¿Sabías que hay una película de este cuento?
- ¿Si? – Leandro contestó fingiendo interés – ¿De cual?
- De un cuento de Carver, “Parece una tontería” se llama. No la ví, pero me dijeron que estaba. Debe ser buena, el cuento al menos es interesante.
- ¿Interesante? Tal vez después lo leo. Estuve pensando que hoy a la noche podemos comer afuera. ¿Qué te parece?
- Podría ser. – Ana intentaba calmar el rencor que aún la dominaba – Vamos, dale,¿por qué no? Hay que ver a dónde ir.
No charlaron más por un buen rato, ambos siguieron abstraídos en sus lecturas, olvidándose de la presencia del otro. Ella pensaba en un compañero de su facultad que varias veces la había invitado a salir, pensó que tal vez podía aceptar. Juan podía cansarse de tantos rechazos, y después de todo la relación con Leandro no estaba bien. Decidió que iba a ver como se desarrollaban las cosas en los diez días de viaje que quedaban y ahí vería cual era su desición. El pensaba en su trabajo, cuando llegara tendría que ponerse al día con muchas cosas, revisar expedientes, hacer llamados, tener reuniones, todo sumamente engorroso. Iba a volverse loco. Seguía arrepintiéndose de no haber traído algunos expedientes al viaje. Ana no lo había dejado. “Estamos de vacaciones” había dicho ella. Y era cierto, pero si los hubiese llevado tal vez podía ganar tiempo, ahora ya no. Ana rompió el silencio
- Qué te parece ir al bar que hay sobre la calle principal. El naranja, creo que no es muy caro y está bueno.
- A ese no. Hay mucho careta. Prefiero pagar más y que vayamos a un lugar donde estemos solos. ¿Hace cuanto no cenamos juntos?
- Quiero ir a ese. No es por que sea barato, hay buena onda y pasan música que nos gusta. Siempre tan cerrado vos. Estamos solos, ¿qué te importan los demás?
- No voy a ir ahí.
Se callaron, un silencio sepulcral flotó entre los dos. Ambos siguieron leyendo pero ninguno prestaba atención. Pensaban lo mismo: ¿Qué hacían en un viaje así? Tan lejos de todo y sin ganas de nada. Ninguno recordaba cuándo había sido la última vez que cenaron juntos, ni cuándo había sido la presencia del otro los había puesto nervioso, o cuando el hacer el amor no se había tornado una rutina. 26 y 27 años y el sexo era un lugar común que ambos ya conocían.
- Tendríamos que ir yendo. Va a oscurecer y no quiero dormirme tan tarde – Leandro seguía con su rutina y su estructura inclusive de vacaciones. Ana sentía que ya no había lugar a la improvisación. Decir algo de nada servía. Decidió que en adelante le dejaría pasar todas las situaciones que la incomodasen, dejaría que él decidiera y tal vez así todo iría mejor.
Cuando llegaron a la hostería se bañaron y fueron a comer. Terminaron en el restaurante naranja. Sonaba Janis Joplin de fondo. Compartieron una pizza, tomaron cerveza y la pasaron muy bien. Parecía que ambos habían decidido eso, por lo menos hasta que el viaje terminara. En el hotel tuvieron un sexo que hace tiempo no tenían, disfrutaron. Terminaron durmiéndose tarde y levantándose más tarde aún. Al día siguiente pasearon por el pueblo, compraron miel casera y rieron de por vivido. Las primeras miradas que se habían hecho en la clase de economía. El se recibió y ella no, pero siguieron saliendo. Al atardecer él decidió pasar por el supermercado, comprar un paquete de yerba, galletitas y ciertas cosas que hacían falta. Ella iría al hotel, se bañaría y lo esperaría. Podía empezar a preparar los sanguchitos de la noche.
De camino al hotel Ana decidió cambiar el recorrido, conocer otras partes del pueblo. Fue así que en medio de una pequeña calle de tierra pasó por una casa con la persiana levantada. Al principio pasó de largo, pero volvió pues algo le llamó la atención. Un hombre de unos 30 años estaba sentado en un banco tocando el bandoneón, una luz muy tenue lo iluminaba y colaboraba a la mistificación de su imagen. Tenía el pelo largo y bastante barba, seguramente Leandro lo consideraría un careta más, pero a ella la imagen la impresionó. Algo se le movilizó por dentro. El hombre comenzó a tocar un tango. La nostalgia la invadió. De pronto él se detuvo, parecía pensar en algo. Levantó la vista y la vio. Ana se quedó inmóvil, no hizo nada, ni pretendió hacerlo.
- Hola, ¿qué tal? – El hombre de barba se acercó a la ventana y la saludó. Ana encontró sumamente irresistible su voz.
- Hola – contestó, casi titubeante – disculpame, es que justo pasaba y me llamaste la atención.
El se rió y le regaló una sonrisa, le hizo un gesto y la invitó a pasar. Ana miró la hora: tenía algo de tiempo. Esteban le contó que vivía en Córdoba hace diez años, que tenía una banda de tango con la que viajaba cada tanto, pero básicamente tocaba ahí. Vivía durante el año de lo que hacía en la temporada, de tocar en bares, plazas, donde fuese que lo llamaran. La conversación se tornó tan interesante que cuando Ana vió la hora casi corrió hasta el hotel, Leandro iba a matarla, se sentía culpable, no sabía por qué. Sin embargo cuando llegó él no estaba, en la recepción le dijeron que no había vuelto aún, lo llamó al celular y no respondía. Su culpa se tornó en preocupación, y luego cuando él llegó y le dijo que se había quedado charlando con un viejo que le había hablado sobre el pueblo, se enojo con él y consigo misma.
- Vamos a comer algo por la plaza, ya es tarde – Dijo ella.
Fueron a la plaza y comieron unas empanadas. Leandro le contó las historias del viejo.
- ¿Podés creer que la única que vez que estuvo en Buenos Aires le robaron? No volvió más, pobre viejo.
En la plaza sonaba un grupo de tango. Esteban tocaba el bandoneón. Pareció sorprenderse cuando la vió con Leandro. Su novio se acercó en un momento a una mujer que lo estaba mirando, la saludó y charlaron un rato. Ana pensaba pedirle una explicación cuando de pronto la banda terminó y Esteban se le acercó.
- Hola, ¿cómo estas? – Se rió – te vi con alguien.
- Es Leandro, mi novio.
- No sabía nada.
- Si, por ahora – ¿Por ahora pensó Ana? Se sorprendió de su respuesta, pero la repitió, queriendo explicarla – Por ahora es mi novio. Igual, sabés como son estas cosas. Los viajes de pareja que se hacen para... – Se quedó callada. No sabía por qué estaba de viaje.
- Bueno si querés, vos y tu novio pueden venir esta noche a Macondo, tocamos ahí a la una.
Macondo era el restaurante naranja. Ana sonrió para sí misma y asintió. Le prometió a Esteban que le iba a consultar a su novio.
Cuando Leandro volvió ambos quisieron saber con quienes hablaban.
- Es una chica que apenas conozco, compañera del trabajo de mi hermana. Decíme vos quién era ese personaje barbudo con el que hablabas. ¿No era el de la banda?, te quiso conquistar seguro.
- Era el de la banda, pero no lo conozco – mintió sin saber por qué, por qué no contaba que ese día había cambiado su recorrido y conocido al hombre de la barba de pura casualidad – Estaba invitando a todos esta noche porque tocan a la una en Macondo, el lugar al que fuimos, el naranja, ¿vamos?
- No, no quiero. No me gusta el tango, lo sabés. Andá vos si querés – pretendía que Ana dijese que no
- Bueno yo voy, de última ya sabés, me buscas ahí. Ni bien termine voy al hotel.
Ana volvió a las cinco de la mañana. Leandro dormía. Ella aún olía a cerveza. Aún rondaban en su cabeza las imágenes de ella y Esteban, el olor a Esteban. Se sentía bien y al mismo tiempo mal. Leandro tenía la ropa con la remera al revés y el pantalón mal puesto, como a las apuradas. Ana no se dio cuenta, no quiso darse cuenta. El tampoco quiso reconocer el olor ajeno en el cuerpo de su novia. Por la mañana ambos pensaron que sería interesante cambiar de planes e ir a otra ciudad así conocían un poco más. Córdoba era una provincia muy linda. Se fueron a traslasierra, todos los pueblos de allí les parecieron hermosos. El resto del viaje se mantuvo estable, rutinario.
Al volver a Buenos Aires cada uno decidió que iban a seguir la relación. En realidad nunca habían hablado entre ellos terminar, ni tampoco hablaron entre ellos el seguir, fue un acuerdo implícito, en silencio. Estaban cómodos así y después de todo, pensaban los dos, ya tenían 26 y 27 años, no era tan importante la pasión y el escucharse y acompañarse en todo, eso era de adolescentes, y ellos eran adultos. Estaban acostumbrados el uno al otro, tal vez hasta tuvieran hijos algún día. No volvieron a hablar sobre el viaje a Córdoba, y mucho menos sobre aquella noche de la plaza, aquella noche de Macondo. Estaban bien así, lo repetían una y otra vez, estaban tranquilos. No valía la pena.