"Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andabamos para encontrarnos"
Julio Cortázar

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viernes, 1 de febrero de 2013

Fragmentos de viaje

Retazos de Cuba. Impresiones fugaces que apenas llegan a captar lo que es esta isla. 
Cuba es demasiado.

"Escribo desde Santiago tirada en una terraza en la que se escuchan dos cosas: voces de gente que vienen de la calle y un reggaetón al palo. En Argentina me imaginaba llegando al malecón de La Habana escuchando Chan Chan como banda de sonido y la verdad es que no es así; Cuba es y no es la postal y eso es lo hermoso. Las calles se viven, el espacio es público: en las casas hace calor, se vive apretado, y en Cuba se es sociable o no se es. La belleza y apertura de su gente es algo que vi pocas veces. Fuera de los gedes que gritan "Taxi Lady" y "Where are you from?" porque sos blaquita, yuma, el cubano es abierto, es solidario y es feliz. Será porque viven con calor, porque bailan salsa desde chicos, porque toman ron o porque no tienen grandes preocupaciones -en el sentido de que la preocupación, como me dijo una mujer en Baracoa, puede ser cómo comer mejor pero no el comer en sí porque eso no falta- Será, entonces, por alguno de esos motivos o por todos, pero son alegres, sonríen, te charlan, te cuentan y quieren saber: Cuba no viaja al mundo pero el mundo, parte de él, viaja a Cuba y la curiosidad suscita preguntas." 

"(...) En Cuba nadie muere de hambre pero sí hay diferencias y sí hay cosas que no son las ideales: todo sistema exige un precio. En sus calles la revolución se palpita a cada instante, tanto en sus partidarios como en sus críticos, en los que están con la revolución y en los que sufrieron sus consecuencias. A la salida del museo nos quedamos charlando con uno de esos, el Dr. Fernando Fernandez. El vaga por las calles -aunque no vive en- tomando ron y contando su historia: hace años Fidel le preguntó por qué en Santiago había más mortalidad infantil, y al responderle que era porque los mejores equipos estaban en sus clínicas, fue a prisión. Es su testimonio pero es probable que así sea.
Luego de ahí, al Moncada. Conmocionante. Por fuera, las marcas de balas señalan ese asalto del 53. Pero lo más mágico, de cualquier forma, se da a la salida. Jugamos- o bueno, nuestros amigos lo hicieron- al fútbol con unos niños cubanos que rodearon nuestro mate y se maravillaron con unos locos argentinos que se divierten por igual."

"¿Jineteros? Sí, pero no más que los de un pueblo que vive de su turismo. De cualquier manera, atento, no se cae. 
¿Gedes? Sí, y piropeadores, e incluso machistas que quieren cuidarte. Y es que es así, la sociedad cubana en relación al género va más lento que en lo social, país de revolución. De cualquier forma, el aborto es legal, está presente como derecho y una licencia de maternidad de hasta un año también.
Cuba te interpela. El cubano que quiere levantarte es insistente pero qué sería de este pueblo sin su perseverancia y su decir no, ustedes no. Cuba es demasiado" 

"Cuba está siendo esto que es. Es este Enero del 2013 en que no importa demasiado la vida y sus preocupaciones. Cuba está siendo luego de meses de pensarla y está siendo demasiado, mucho más de lo que las palabras pueden expresar. Y de alguna forma, siento hoy una especie de saudade adelantada por no tenerla en un futuro. Y aún estoy a mitad de viaje. Lo imprevisible se repetirá porque los viajes son tranformadores y Cuba le vuela la peluca a cualquiera."


"Cuba es ahora una playa cuasi desierta, un atardecer, el agua de mar transparente, una hamaca paraguaya y una dulce (y ligera) ebriedad de mojito. Ranchamos en Guardalavaca en un restaurante con vista panorámica y en pesos cubanos. Tomar ron se está haciendo una costumbre casi diaria. Ayer los pibes terminaron en una fiesta en un all inclusive tomando de arriba y las chicas le bailaron a una rubia. Expropiación de escabio a los adinerados. Viva Cuba."

lunes, 5 de marzo de 2012

Leonard


Viaja.

Ella oye su voz y se mueve por otras geografías. Otros tiempos.

Leonard Cohen la transporta a otro mundo que desconoce. Parece de ensueño, de estética idealizada.


Leonard tiene en su voz la huella de una vida ajetreada, con saltos. Para nada fácil. Si fuera argentino, sería peronista.


Huella de vida.


Voz profunda, de esas que se imponen en una conversación rasgando el aire. Presente.

Voz de fumador y wiskero.


Ella escucha a Leonard Cohen y cree estar en una película de Tarantino o Lynch.



Aleluya.


*


Su voz es visible. Genera imágenes, imaginarios intraducibles.


Es áspera.

Pesada.

Gastada.

Experimentada.


Leonard Cohen habla en un amable inglés.

Habla al oído, casi un susurro. Un secreto revelado a quien sepa oír.

Habla sensualmente.


¿Cuánto placer puede caberle a quién lo escuche?


*


¿A quién le pertenece esa voz?


Si una voz debe encarnar lo misterioso, seguro esa es la de Leonard Cohen.


Podemos jamás ver su cuerpo.


No importa. El ya nos colma.


domingo, 10 de julio de 2011


Ser o no ser: uno intenta no etiquetar y sin embargo lo hace. Y se da cuenta que lo hace, por ejemplo, cuando un tachero nos habla de Marx, Mao o Miles Davis y nos resulta sorprendente.

Hacía mucho que las noches porteñas no registraban los fríos de las actuales. Las sensaciones térmicas de hasta 2 grados bajo cero vuelven recurrente la anécdota de aquel nevado 9 de Julio, y las ganas de volver pronto a casa. Así fue como hace una semana, un domingo, me encontraba volviendo con mucho frío y con la duda de si esperar o no el bendito 151, cuando esa duda se acabó: el colectivo pasó riendo frente a mi cara.

-Iara, al taxi - le dije a mi amiga. Y así lo hicimos.

El viaje fue singular. En principio, mi amiga discutió con el taxista por el nuevo sentido de las calles de su barrio, ahora cambiadas por la construcción del viaducto de Monroe. Pero lo más llamativo no fue eso, sino el tema del empedrado.

Sí. Empedrado.

Uno construye etiquetas llenas de prejuicios todo el tiempo, es inevitable. A los taxistas les coloca varias y es por ello que uno sabe que una de las características de ellos es hablar y hablar.
Iara bajó del taxi y el conductor, confirmando mi intuición, comenzó a dialogarme.

Que las calles empedradas rompían los autos, que los vecinos de Avenida de los Incas no querían asfaltar su calle por conservar lo colonial, que estaba bien hacerlo en una callecita, no en una avenida transitada, que ellos pensaban que eso era clase pero que no. De pronto, como conclusión de su monólogo dijo:

- Solo sos pintor si vivis en París.

Lo afirmó pero en esa afirmación había en realidad una ironía. Esa frase sola condensaba, parodiándola, esa falsa creencia que el tachero decía que tenían los vecinos de la Avenida de los Incas sobre lo que es La clase. Y también mucho más.

Condensación de imágenes, movilización de ideas.

A algunos nos cuesta horrores lograrlo y sin embargo mi tachero lo tenía a flor de piel.

Habrá que contagiarse.





miércoles, 22 de junio de 2011

¿Quién escribe?

Detrás de estas letras y palabras y textos, una extraña escribe (o transcribe lo que es parte de un pedazo de papel . -

¿Quién es?

Soy yo -



*


¿Hay dos que habitan en mí? Me nombran Laura. Laura es Laurel y Laurel es Victoria.

En mis ojos chicos y marrones no veo una transparencia, sí una honestidad. Si hay en ellos algo opaco y de misterio es porque miran, indagan.

Guardan una espera esperanzadora: eso es más de mí.

Soy Laura y por mi papá soy Loredo. A mí igual me gusta usar el Rubio de mi mamá. Siempre hay una.

Tengo un costado de mi cabeza con el pelo corto casi al ras, en el otro el perlo cae largo y ese juego de contrastes me gusta.

Me siento múltiple e inacabada.

Soy una joven de 25 que tal vez vivó demasiado o pensó demasiado (o así al menos lo sintió) Con placer y con dolor. Tengo un aroma reconocible. Muy mío.

domingo, 22 de mayo de 2011

Siempre fuiste mi espejo, quiero decir que para verme tenía que mirarte.

Julio Cortázar .



Yo a ella


Percibo en Eugenia una timidez a flor de piel. Una que la hizo desviar sus ojos de los míos la primera vez que estuvimos de frente. Una que la hizo tomarme las manos con delicadeza, casi con temor de apretar mucho a esa desconocida que soy yo. De cualquier manera -presiento- detrás de esa timidez hay mucho más.
Tiene cara dulce, nariz pequeña, ojos verde celestes grandes y expresivos (¿Por qué no los muestra?) cálidos como sus manos, que si bien sentí frías desmienten el mito e igualmente son tiernas. Acarician y eso relaja.
El tiempo pasa, ciertas barreras se derriban. Eugenia tiene los ojos cerrados, toca una pipa que tiene un Aladino tallado y sonrie intentando descubrir qué es eso. Se le escapa una risa corta y bajita a la que se escucha divertida y sorprendida.
Confiesa que sí, que le dió timidez el mirarnos directamente a los ojos y vuelve a reir para afirmar esa sentencia. Veo transparencia en ella. Se pone un collar blanco de mostasillas, pesado y múltiple. Alga blanca. Planta marina. Y va con ella, con sus ojos azules y grandes.




Ella a mí


Laura eligió un objeto exótico, una pipa estilo árabe, que combina perfectamente con su vestido rojo y su aparente tranquilidad.
"Me pareció divertido que la pipa tenga cara", contó mirándome a los ojos como queriéndome decir que no había una gran explicación para su elección.
Serena, de manos pequeñas y suaves, reconoce que no le da verguenza mantener la mirada con un desconocido.
Al tomar contacto con sus manos, una sensación de calidez y buenas vibras me invadió. Esto sucedió desde el comienzo, desde que sentí el calor de su piel sobre mis manos, siempre frías.

viernes, 8 de abril de 2011

Dos veces y media yo.


Crónica desacartonada sobre el Parque de la Memoria. El mismo se encuentra en Costanera Norte, a unos metros de Ciudad Universitaria. Pensado y diseñado en "Honor a las víctimas del Terrorismo de Estado", se trata de un espacio amplio, con distintas intervenciones artísticas dispersas en el predio. La principal, o al menos en torno a la que gira esta crónica, es un Muro. Cinco paredes con  30.000 ladrillos. Muchos de ellos están tallados con nombres, 8718.


Dos veces y media yo


El muro es el eje, el protagonista ineludible. Primero uno, luego otro y después uno más. Tres. Larguísimos (¿cien metros?), y tan altos como dos veces y media yo. 
El muro puede adjetivarse y describirse. Sin embargo es difícil quedarse en un registro frío y distante.
El muro interpela de una forma personal, cada quien ve algo distinto y es complejo explicar lo que genera. Hay que ir.

Son piedras rugosas y ásperas talladas con nombres lisos y suaves. 
También, más que nada, son vidas que por su ausencia aún están presentes, historias del ayer que llegan al hoy. No son sólo nombres anónimos. Letras y más letras, sí.
También, cuerpos y mentes que fisicamente no están pero que de algún modo se hacen carne en estas paredes. 
Es inevitable no imaginar quiénes fueron, o no buscar a quien uno conoce.


El monumento cubre el período 1969-1978 y se ordena por año y alfabéticamente.
U, V, W. Encontré a Walsh.
Descubrí a Julio (Jorge Julio) López. ¿Por qué no extender la cronología al presente?
Pienso en si estará el amor chileno de mi madre. Víctor se llamaba.
Pasos y pasos. El año más largo de caminar es el 76, con muchas vidas por leer. Presentes ahora y siempre.
Algunos tienen su edad detallada, tenían tanto 13 como 63; otros no.
Hay embarazadas. Hijos que (tal vez) aún hoy no saben su real historia. ¿Y uno la conoce? Nuestra vida está marcada por hechos que la mayoría de las veces no cuestionamos, en los que no indagamos. El muro (nos) interpela.
30.000 vidas, 30.000 piedras, 30.000 lápidas. ¿Y dónde ubicarse si este muro es también un nosotros?

Y más nombres, y más pasos, y más muro alto.

En el Parque de la Memoria hay silencio. Solo el viento fresco del Río de la Plata susurra en la oreja de quien lo recorre. Las obras de arte están lejanas entre sí y hay cuatro personas a la vista. Podría parecer vacío de no ser por un muro que obliga a doblar el cuello y ver hacia arriba. Dos veces y media yo garantizan que sea imposible no ver. Él trae el pasado al presente.



Crónica realizada en el marco del Taller de Crónica Periodística de Lavaca, dictado por Claudia Acuña.